“No
tomaras el nombre de Dios en vano”
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El segundo mandamiento prescribe
respetar el nombre del Señor. Pertenece, como el primer mandamiento, a la
virtud de la religión y regula más particularmente el uso de nuestra palabra en
las cosas santas.
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Entre todas las palabras de la Revelación hay una, singular, que
es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los que creen en Él; se
revela a ellos en su misterio personal. El don del Nombre pertenece al orden de
la confidencia y la intimidad. “El nombre del Señor es santo”. Por eso el
hombre no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de
adoración amorosa (cf Za 2, 17). No lo empleará en sus propias
palabras, sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (cf Sal 29, 2; 96, 2; 113, 1-2).